
A la pluma: El Alcalde
No es pose seguera, pero todos los juegos de Nintendo se me hacen bola. Es difícil explicarlo. Admiro su diseño, su minuciosidad, su atención al detalle jugable, pero absolutamente todos tienen un punto de fuga insalvable. "El muro", lo llaman los animosos aficionados al deporte más tonto de mundo: correr sin necesidad (o running). Un punto de fatiga mental que se da aproximadamente en el último tercio de las carreras. Suele coincidir con un punto de flojera de piernas, pero el problema está en la cabeza. De repente estás corriendo en una piscina de melaza y te cuesta hasta respirar. Pues esto es lo que me ocurre con los juegos de Nintendo.
Un comienzo agradable y buenas sensaciones que de repente se convierten en una pared ciclópea. Una misión con una dificultad absolutamente desmedida e injustificable. Un valle jugable tedioso que no conduce a nada. Un recoger, no sé, semillas azules por un mapeado infinito sin conexión alguna con el juego. Un enemigo imposible. Me ha pasado en los Metroid, en los Zelda, en los Marios. Creo que no he conseguido acabarme ninguno. Y me consta que no soy el único. Parece como si Nintendo colocara un punto geográfico de amargura en todos los juegos para distinguir a los auténticos nintenderos. En plan, solo si eres un miembro de la secta serás capaz de comerte esta gran MIERDA que rivaliza con el sombrero de un picador excepcionalmente cabezón. Y entonces lo dejas, abandonas sin reparo, porque no estás dispuesto a tragar artefactos con una excepcional jugabilidad, pero solo hasta cierto punto.
A la pluma: Narg
Como veis, los años le pesan al Alcalde y no le permiten escribir más de dos párrafos seguidos, así que voy a completar esta mini-feature con una lista de nintenderadas que tenía preparada desde hace tiempo. Una lista no exahustiva, mal organizada, pero mejor fuera que dentro.
Aunque he dicho muchas veces que odio a Nintendo por las risas y el seguerismo, esto no es cierto, o al menos no del todo. Más bien al contrario: me parece que hacen unos juegos fantásticos. Juegos que quiero que me gusten. Como dice El Alcalde, valores de producción realmente admirables, jugabilidad pulida, cielos azules (quizá no tanto como los de la Master System, pero azules).
Por ejemplo, mi juego favorito de Nintendo, y lo digo sin un ápice de ironía, es el Kaeru no tame ni kane wa naru de Game Boy. Es simple, gracioso a más no poder, consciente de sí mismo, tanto que se ríe del protagonista y rompe la cuarta pared cuando le da la gana. El siguiente quizás sea el Metroid Zero Mission. Donkey Kong Jungle Beat, F-Zero AX (aunque este es de Sega, realmente) y Breath of the Wild están ahí, cerca.
Pero. PERO. Nintenderadas. Lo explicaba en otro artículo como paternalismo insufrible, pero hay más tipos, como a los que se refiere El Alcalde.
Ya que estamos, vamos con el Zelda. Nunca he acabado ninguno. ¿Por qué?
Zelda Wind Waker - Prácticamente al final del juego te mandan a buscar la Trifuerza, que está dispersa por todo el mundo en sitios en los que ya has estado, sin pistas. En realidad hay pistas... si vas a cierta isla a hablar con cierta gente, cosa que he descubierto mirando una guía en internet 15 años más tarde. Abandonado.
Zelda Link’s Awakening - Esconden el camino necesario para avanzar en la historia principal bajo un arbusto random en una pantalla random. Por no hablar de aquella vez en la que te bloquean el avance a la espera de un item random que se puede conseguir tras una sucesión de intercambios de items que comienzan con uno que parece una pieza de decoración (random) con la que parece que no puedes interactuar. "El mejor Zelda" está hibernando en un cajón.
Zelda Twilight Princess - Hay una misión obligatoria en la que hay que proteger el carro de la princesa. Echad un vistazo a los comentarios del video para entender lo que quería decir El Alcalde con lo de "una misión con una dificultad absolutamente desmedida e injustificable". De este grupo, el Zelda que en el que menos he durado.
Zelda Phantom Hourglass - En cierto momento había que encontrar un barco en medio del océano. No recuerdo exactamente de qué trataba la misión, pero era o tan pesada o tan poco clara que acabé olvidándolo. La misión y el juego.
Zelda Breath Of The Wild - Resuelve muchos problemas (por ejemplo, que los personajes y el mundo tienen personalidad y carisma, y consiguen que te importe algo la historia, toda una novedad en la saga), pero cae en fallos similares a juegos anteriores, como hacer que encontrar los recuerdos sea una parte principal de la trama. Afortunadamente no es un requerimiento obligatorio, así que todavía tengo esperanza de acabarlo.
También he jugado al Link to the Past y al Ocarina of Time, pero los abandoné tan rápido que ni siquiera me dio tiempo a formarme una opinión. Como veis, no ha sido por no intentarlo, y eso pese a ser metroids en vista cenital y ser yo mismo un gran fan del Soleil. ¡El mejor Zelda!
Vamos con los metroids. Son los juegos menos malos de Nintendo, de hecho me gustan mucho, pero tengo un par de entradas de la saga (la saga original, los Primo Metroide no los he jugado) con los que no he conectado.
Super Metroid - Sí, el aclamado Super Metroid, "el mejor juego de la historia" para muchos. Después de encontrar una habilidad concreta (la bomba gigante), el juego te fuerza a recorrer otra vez mapa usando esa habilidad, lo que te hace suponer que el avance se encuentra en alguna zona anterior que estaba bloqueada. Sin embargo, ¡no!, el camino para continuar la historia está escondido en un rincón de la misma pantalla en la que has encontrado la bomba; zona a la que no hay motivo de volver a menos que recuerdes que allí había algo escondido. Esto es equivalente a esconder el avance en un arbusto random en una pantalla random del Link's Awakening. Dos veces he empezado el Super Metroid, dos veces me he quedado atascado en el mismo punto. En este video explican el problema.
Sumado a una jugabilidad bastante cuestionable, a enemigos suicidas y jefes aburridos, me quedo con el Metroid II de Game Boy de lejos. No, no lo he terminado. Es el único Metroide que no me he pasado.
Metroid Fusion - Nintendo siendo Nintendo, en el sentido más paternalista posible. Linealizar el juego y tratar al jugador como si fuera lelo, cuando la gracia de la saga era todo lo contrario. Se salva un poco por la jugabilidad.
Otros juegos de Nintendo que se esforzaron por hacerme sentir mal son:
F-Zero GX - El juego te obliga a superar todo el modo campeonato para desbloquear el modo AX, que son los circuitos de recreativa, y los mejores del juego con bastante diferencia. Yo acabé consiguiéndolo, pero muchos acabaron traumatizados: dificultad artificial extrema (vacíos y energía, males heredados de cuando el juego era más plano que una zapatilla) utilizada para bloquear contenido y alargar innecesariamente la "vida" del juego. Típico Nintendo. El resto es maravilloso y puro SEGA, por supuesto.
Donkey Kong Jungle Beat - En un arcade perfecto para la autosuperación y los records, Nintendo quita las puntuaciones, cronómetros y todo lo que huela a valorar la habilidad del jugador. ¿Por qué? ¿Para que no se sienta mal? ¿Para que no piensen que estamos vendiendo un arcade (aunque lo sea, y uno muy bueno)? Paternalismo, quizá. El jugador tiene que jugar a los juegos de Nintendo como Nintendo quiere. Y si no, está jugando mal.
Mario, Kirby y otros muchos - Esconder la mitad del juego después del final, decisión (otra vez) paternalista, de tratar al jugador como si fuese tontito. Hasta acabar el juego, dificultad para niños pequeños; luego empieza el juego de verdad (cuando ya has perdido la motivación para seguir). Aquí habría que incluir lo de farmear vidas, que ha sido una horrible decisión de diseño que Nintendo ha mantenido desde el Super Mario Land 2 y que por fin ha desaparecido en el Super Mario Oddysey.
En fin, hay muchos más ejemplos, pero lo dejo aquí o la longitud de esta mini-feature extendida artificialmente tendería a infinito. En conclusión, El Alcalde y yo queremos que Nintendo nos guste, y seguimos intentando que Nintendo nos guste, pero Nintendo... no nos deja.
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