Sega Rally (Arcade)

Torpedo en la línea de flotación.

Es complicado hablar de restauración en Gamerah, una web donde el horizonte gastronómico de sus miembros oscila entre visitas a estrellados horteras de provincias (por un lado) o la sordidez del Mercadona (por lo demás). Para hacernos una idea, aquí hay gente cutre, muy cutre, cutrísima, tanto intelectual como moralmente, que piensa que un queso Camembert de leche pasteurizada es reflejo de algo.

No puedo decir que sea la persona que más he ido a Gresca, ni siquiera que haya ido muchas veces, porque soy pobre, pero sí que he ido unas cuantas desde que, en 2011, acabara en Barcelona por una desafortunada concatenación de errores de juicio.

La cocina de Rafa Peña es ante todo una cocina con inteligencia, sensibilidad, y estilo propio; un «estilo Gresca» que ha encontrado ecos en otros restaurantes del circuito «bistronómico» barcelonés (Nairod, el difunto Alvart, Metronom etc.). Una cocina de pocos ingredientes limpia y refinada, cosmopolita en el sentido de desvinculada de raíces locales claras, pero a un tiempo sin caer en la trampa del «fine dining» genérico.

Son muchos los platos para el recuerdo los que he comido en Gresca, empezando por las maravillosas mollejas con demi glace y puré de patata, el mítico pichón con jengibre, la lengua a la salvia (ya desaparecida de la carta), un «simple» lenguado que todavía tengo clavado, la refinadísima tortilla de hierbas (en puridad un ravioli de fina panceta Maldonado relleno de yema casi cruda), el desaparecido trampantojo de coco (que ahora parece pueril), la liebre à la royale (que no hace prisioneros), una fastuosa caballa sopleteada con yogur etc.

Algunos platos hasta los he intentado reproducir en el hogar, como en un espantoso verano de 2012, que recuerdo lleno de crímenes y comiéndome en casa el pichón con un Pouilly-Fuissé de Barraud, entre sudores infernales.

Hace unos años abrió Gresca Bar, un espacio adyacente donde la cocina de Gresca se sirve en pequeños platillos y en un marco informal. Algunos históricos de la carta principal, como las icónicas mollejas, se mudaron al bar, y se añadieron muchos platos nuevos imprescindibles, de los que destacan ante todo las ostras a la brasa, los pulpitos con sofrito alegre de cayena, los filosóficos sesos a la mantequilla negra, los puerros con vinagreta y la tarta de chocolate, que no es signée Pacaud, pero como si lo fuese, porque es un secreto industrial robado, y que me gusta comer con una copa del fastuoso cream viejo de Piñero.

Hemos ido bastante a Gresca Bar, y hemos visto los precios subir, nos hemos dado alegrías con los vinos y hemos pagado más de 100 euros por persona por comer un taburete, con los codos de alguien clavados en la espalda. Pero hemos vuelto – la última vez el 8 de marzo de 2020. Hemos visto la carta de vinos evolucionar de una selección a precios amistosos a uno de los templos españoles de cierto tipo de vino, con un foco en la Borgoña y aledaños, el Loira, el Jura y el sur de Francia; y hemos bebido, de ese mamotreto, desde un limpísimo Chassagne-Montrachet de Pillot a los raciales Valinières viejos de Léon Barral, o vinos de Ganevat cuando Ganevat era pagable, asesorados por un sumiller de aspecto ratonil y enorme erudición. Esa carta de vinos atrae hoy a un público a Gresca Bar con gran proporción de extranjeros que dignifica Barcelona, que es la Barcelona que queremos vivir, una Barcelona que bebe, que gasta, que huye de las apestosas ortodoxias; una Barcelona que, como la cocina de Gresca, escapa del fango del regionalismo cutre, pero sin abrazar lo otro. Hemos comido con alegría, a veces incluso con exaltación, como una visita improvisada luego de dos dry martinis en el crupuscular y deprimente Scotch Corner, un bar donde la clientela tenía aspecto de pedófilos.

Testimonios de cenas en Gresca (facturas pro forma, rescatadas milagrosamente)

Hace un año, Rafa Peña y un socio abrieron el Bar Torpedo, una hamburguesería justo en la esquina donde está Solange. Solange no es el mejor bar de Barcelona, pero allí estamos muy a gusto, y allí hemos cometido también muchos crímenes, con rusas, con becarias, con filipinas, en la barra con Alfredo Pernía y Miguel Pérez (que ya no está). Decir que la hamburguesa del Bar Torpedo es la mejor hamburguesa que he comido es una gilipollez, porque es mucho más que eso: es la única hamburguesa buena que he comido. Por pocos euros uno puede comer un par de hamburguesas, con un filete ruso hecho con recortes picados de chuletas LyO de varios meses de maduración, y un bollo fabuloso. Como todos los restaurantes que sólo tienen un plato realmente bueno (hay otros bocadillos, pero son menores), la hamburguesa del Bar Torpedo fluctúa de calidad según parámetros incontrolables. Los mejores días son en los que sale más guarra, más sucia, con mayor intensidad. Uno puede pedir los vinos del Gresca, y ahí recuerdo la última charleta con un amigo muerto, con un espantoso y carísimo pinot alsaciano de Schueller.

Vinos andaluces en Bar Torpedo

Entro ya en materia.

A mediados de 2020, poco después del desconfinamiento, el Bar Torpedo instalaba una máquina recreativa auténtica de Sega Rally, en pleno funcionamiento, con su Lancia Delta Integrale y el Toyota Celica, con el desierto, el bosque y la etapa en la Toscana, en la que se pueden tomar prácticamente todas las curvas sin tocar el freno, pasando de 4ª a 1ª con un cambio manual que suena como el cerrojo de un arma. Sega Rally es un juego simple, pero donde todo encaja, como la gran cocina, como la gran mesa.

Jurista y videoaficionado.

7 comentarios

  1. Por un lado el forocochero mileurista que ahorra 700 EUR al mes y por el otro Vladimiro.
    Las dos Españas.

    • Pero Vladimiro mismo dice que es pobre en el segundo párrafo.

    • Ha sido un fallo en la corrección, ahí tendría que decir: soy "pobre".
      O soy pobre comparado con un rico multimillonario o como vosotros ratas de alcantarilla que sois pobres de alma y bolsillo y así os vais a quedar el resto de vuestras vidas pringados.

  2. De mayor quiero ser Vladimiro.

    Maravillosa reseña.

    (Hay segunda parte o termina asi?)

  3. Hay que hacer algo ya con lo de los errores de juicio que acaban con tus huesos en Barcelona.

    • Pero tú qué nos vas a enseñar, piltrafa.

  4. Pareciera una reseña cifrada tipo pizzagate ( comet ping pong ) ; Estais en pasos extraños vladi?

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