OutRun 2

Por Mortiis

Una rubia cañón y un Ferrari rojo descapotable. ¿Existe otra manera más tópica de iniciar una referencia a OutRun? De hecho, el lamentable análisis de Meristation empieza más o menos de esta guisa. También podría repasar el currículum de AM2 o recordar las altísimas cotas de infamia alcanzadas por algunas de las creaciones —más de las deseables— vinculadas al patrocinio de la recre de 1986. Y, no nos engañemos, tampoco esperabas algo ni remotamente ingenioso.

Mi coche y una rubia tonta

Es el sueño de todo hombre hecho y derecho. Sobre todo el Ferrari. Cuanto más rojo y descapotable, mejor. Podrías prescindir de la rubia, pero no de tu Ferrari. De hecho, la rubia tiene tanto carácter que asusta y puede que no sea tu tipo. No puedes tunear tu coche. No puedes tunear a la acompañante. Jennifer —que así se llama la criatura— viene incluida en el lote completo. Con su velocímetro estirado al infinito, medio millar de caballos desbocados, sus asientos de carreras y garantía ilimitada.

OutRun es, entre otras muchas cosas, una sutil exaltación del machismo como estilo de vida. El del chuleta de playa descamisado, pelo en pecho, gafas de pasta, rosario en el cuello, pulsera medicinal magnética bañada en oro y súper-deportivo (no importa si es de segunda o tercera mano) con el que engatusar a alguna moza embutida en traje ajustadito y patines sobre el hombro. Casi veinte años, un montón de spin-offs y conversiones más o menos afortunadas separan al original del juego que hoy nos ocupa.

Y es OutRun 2, además de su secuela, el auténtico sucesor espiritual del clásico de carreras por antonomasia. El cortejo se sigue desenvolviendo en un veloz biplaza italiano, pero Sega ha hecho ciertas concesiones al imperativo social y hoy la chica debe parecer más sofisticada y autosuficiente. Pero, pese a la presunta liberación femenina y la imposición metrosexual (Alberto está depilado y lleva camisa naranja), no cuela.

Jennifer es una zorra multimillonaria que nunca ha dado un palo al agua. Y tiene toda la pinta de tragarse entera la programación de Cosmopolitan TV. Te ha regalado un Ferrari, así que te tocará tenerla contenta… Es justo y ella tiene un polvazo, para qué lo vamos a negar.

Pero lo único que te importa es el coche, no lo olvidemos. Si lo estrellas y vuela por los aires, lo que te preocupa es que la suspensión no se resienta cuando aterrice sobre la calzada. Porque no amas a Jennifer. ¿Nos entendemos?

No obstante a Alberto no le importa flirtear con chicas de “bajo standing” y considerablemente menos recatadas, como Clarissa y la morena Holly, a quienes no dudará en montar cuantas veces se lo pidan.

Si te has molestado en leer algún manual de instrucciones de los juegos recreativos de Sega (Virtua Fighter o Crazy Taxi, por ejemplo), ya sabrás que la presentación de los personajes roza lo cómico. Y el que nos ocupa no es una excepción… No olvidemos que dos hermanos adictos al pegamento han sido capaces de ilustrar filosofía a golpe limpio con otros tantos simios en chupa de cuero, así que éstos tienen licencia para reírse de su padre y de su madre. Sus aspiraciones son menores y por ello se les entiende a la primera.

El juego

OutRun 2 es diferente al resto de los juegos de carreras que han aparecido en el mercado en los últimos años. Y eso, para empezar, no es poco.

Ya desde el momento mismo en que navegas por los menús de opciones, un suavísimo y relajante sonido inunda tus oídos. Es el mar. Y el primer toque de atención a bakalas y tuneros despistados que, desde ya, empezarán a cavilar cómo conseguir que el friki de Centro Mail les devuelva el importe…

Y es que el juego de AM2, que no pocos encontrarán anodino, se revela al contrario como racer arrebatador por su frescura y simplicidad. En OutRun 2 no compites contra nadie más que ti mismo y el clásico checkpoint, y sobre esta base se estructura todo el desarrollo del juego.

Sega Europa y Sumo Digital se han esmerado en ofrecer una conversión generosa con el mercado doméstico. Acostumbrados a ports más agarrados que el pasamanos de un asilo, el juego de Xbox es lo suficientemente denso como para satisfacer a las hordas sedientas de “durabilidad”.

Al clásico modo arcade, conversión directa de Chihiro, se unen un divertidísimo y extenso modo Misión y el obligado juego online a través de Live, ofreciendo cada uno de ellos a su vez distintas opciones de partida.

Así, el modo arcade acoge tres variantes: el OutRun clásico de toda la vida, con el objetivo de completar una ruta a tu elección en orden creciente de dificultad, a través de cinco escenarios distintos, abriéndote paso entre el tráfico y antes de que el contador de tiempo se agote. El modo Heart Attack, que básicamente es lo mismo pero con la obligatoriedad de cumplir los deseos que, en forma de maniobras y acciones concretas, irá exigiendo la petarda de Clarissa. Aquí, además de cumplir con el checkpoint de rigor, habrá que estar muy pendiente de la evaluación que se nos hará al final de cada tramo, dentro de un rango que va de E a AAA. El arcade se completa con el tradicional Time Attack que no vamos a descubrir ahora.

Si bien es cierto que nada puede igualar el encanto del modo OutRun, hay que agradecer el esfuerzo invertido por los desarrolladores en el modo Misión, incluido dentro de la modalidad Desafío que ofrece, además, la posibilidad de realizar misiones en grupo (hasta cuatro jugadores que se turnan), carreras contra rivales controlados por IA (escasa, muy escasa), contrarreloj y partidas mediante cable de interconexión para hasta ocho jugadores que muy pocos van a utilizar…

Pero son las 101 misiones las que se llevan la palma. Inspiradas claramente en la fórmula de Metrópolis Street Racer y Project Gotham, pero adaptadas al desenfado propio de la serie, aquí caben todas las formas de reto imaginables bajo nombres tan ilustrativos como “mensajero del amor”, “rompecorazones”, “terror de los conos” o “convoy loco”… Los desarrolladores se han despachado a gusto con un montón de variantes creativas y entretenidas, brillando con luz propia los demenciales “caos matemático” y “test de memoria”. Tendrás que conducir por zonas señalizadas, evitar colisiones en un asfalto superpoblado, robar corazones, derribar conos, pasar entre ellos y no derribarlos para sumar tiempo, sacar fotos, memorizar combinaciones de frutas y el orden en que se suceden, hacer operaciones matemáticas y derrapar hasta que te mueras, entre otras muchas cosas. Todo a trescientos por hora y en trazados sinuosos. De propina, cinco guindas finales en forma de carreras de resistencia.

Será necesario obtener un rango mínimo de A para cumplir la misión y poder avanzar a la siguiente etapa, pero los más obstinados tienen juego para rato si quieren una tabla de resultados intachable.

Literalmente se han rebanado la sesera con una opción que devorará buena parte de las horas que el jugador dedique durante los primeros días, tanto por divertidas como cruciales para desbloquear una generosa lista de contenido extra: nuevos modelos de coche, rutas reversibles, circuitos de Scud RACE y Daytona 2, melodías, un montón de pijadas en forma de postales y productos oficiales de Ferrari (hay cosas tan inútiles como curiosas), etc. que vienen a sumarse al original, desbloqueable en la modalidad arcade.

Menos imaginativos han sido a la hora de plantear el juego online que, mucho ojo, cumple de sobra. De nuevo, el de Bizarre ha sido un ejemplo evidente. Carreras para hasta ocho jugadores y un sinfín de opciones contrarreloj, con fantasmas descargables, tablas pormenorizadas para cada tramo, ruta y escenarios extra que son una gozada.

A fecha de hoy sólo lo he probado un par de veces, pero me han bastado para detectar ralentizaciones ocasionales y algo molestas en las partidas más concurridas. Pero no es obstáculo, ni mucho menos, para disfrutar de divertidísimas carreras.

Otra cosa son las opciones contrarreloj y rankings mundiales. Son los duelos en diferido en pos del mejor crono los que van a hacer saltar chispas entre los enfermos de OutRun. Échale un vistazo a las tablas, selecciona un tiempo y el fantasma de un amigo (o enemigo) y dedícale una burla.

No habría estado mal, en cualquier caso, que las opciones de Live se hubieran beneficiado del torrente de ideas invertido en el modo Misión. No es nada difícil imaginar opciones gamberras con las que enriquecer el multi y el juego se presta mucho a ello. Quizá para un futuro contenido extra…

Todo bajo control

Obviamente ganaría mucho con un volante en condiciones, pero hay que destacar que el pad de la X funciona fabulosamente y el control del coche es delicioso. En cuestión de minutos se le coge el tacto al analógico y la presión exigible en cada curva.

Como ya sabes de sobra, el control del derrape es fundamental. Su ejecución no puede ser más sencilla (soltar acelerador, frenar y pisar a fondo) pero hacerlo bien y en el momento óptimo es otro cantar, porque hay curvas que no lo necesitan para salir airoso (puede que soltando el acelerador ganes una entrada limpia y ahorres tiempo) y otras en las que, según cómo hayas entrado, quizá lo conveniente sea apurar la trazada hasta el límite y reservarlo como último recurso en caso de salida previsible. En cualquier caso, cada curva puede ser un mundo en función de la velocidad y la cantidad de tráfico que te encuentres y no dudes que, hasta que le tomes el pulso, vas a hartarte a derrapes lentos e inútiles. Por cierto, si rozas una pared, metes una rueda en todo lo que no sea asfalto o tocas a otro vehículo, la velocidad se reduce a la mitad. Si vas muy rápido incluso darás vueltas de campana y la fulana de al lado puede darte dos hostias.

Además la cámara automática adopta la inclinación idónea en los momentos más comprometidos, elevándose ligeramente en los tramos de visibilidad reducida.

Todo esto con la vista exterior, claro. Porque se te ofrecen otras dos perspectivas interiores que me parecen del todo prescindibles, dado que la propia mecánica del juego y su física irreal acaban generando desplazamientos rarísimos a la salida de un derrape prolongado para enfilar una recta, como si un raíl nos recolocara en el retorno a la trazada. Nadie en su sano juicio jugaría a OutRun con cámara interior.

Practicar y memorizar los trazados para deslizarse con agilidad entre turismos y camiones es divertidísimo. De verdad.

Bonito, bonito, bonito

El juego es precioso, dicho sea de paso. No vas a encontrar nada especialmente sobresaliente, pero el conjunto es impecable y puede llegar a ofrecer estampas de lo más espectaculares. Momentos como la enorme cuesta del desierto con la pirámide a la derecha y la carretera serpenteando en el horizonte mientras el sol reluce sobre la chapa son de verdad impactantes, y hay unos cuantos porque todos los recorridos han sido diseñados con un gusto exquisito. Eso sí, los tramos de transición entre localizaciones no podían ser más sosos.

¡Ah! Por cierto. Todo se mueve a 60 fps, salvo momentos muy puntuales en el modo Misión donde la saturación de objetos en alguna prueba puede dar lugar al consabido latigazo… Nada demasiado importante.

Por si no hubiera ya suficiente tributo a la antología seguera, el apartado musical se ha cuidado escrupulosamente. Con buen criterio, han privado a cuanto degenerado anda suelto de escuchar esos tracks de Slipknot y recopilatorios de power metal que sibilinamente almacenan en sus discos duros. A OutRun se juega con Passing Breeze, Magical Sound Shower y Splash Wave, compuestas y remezcladas para la ocasión. Se han añadido, no obstante, nuevos temas: las cantadas Night Flight y Life was a bore, y las guitarreras Risky Ride y Shiny World, además de un montón de remixes y versiones. En general muy bien, pero nada como las tres de siempre. Mención especial al euro-remix de Magical Sound Shower. Las voces están en perfecto castellano.

Concluyendo, que ya toca

¿Pero tiene algo malo? Honestamente, no. Pero sí hay un par de detalles que me gustaría comentar. Los tiempos de carga son excesivos. Bueno, más que el tiempo, el número de ellos. Es irritante que para reiniciar una misión abocada al fracaso (y te pasará muchas veces) o, simplemente, una partida que acabas de empezar (porque sí, porque me he salido en la primera curva y yo la quiero perfecta) el juego tiene que volver a leer… y cansa, joder.

El otro punto ligeramente criticable es la dificultad del modo arcade. Es bastante “light”, incluso en los niveles supuestamente más complicados no te costará completar las cinco rutas. Y echo de menos uno o dos momentos más por recorrido de esos diabólicos que no te quitas de la cabeza cuando eliges una ruta…

De todos modos, siguiendo la vertiente más tradicional de las recreativas de coches de vieja escuela, el nivel de exigencia es el que marca el propio jugador y el empeño por obtener el registro perfecto. Aquí las clasificaciones vía Live son decisivas para incentivar el pique constante y el factor que, a la larga, le proporcionará una longevidad ilimitada.

Brillante, espléndidamente ejecutado y con un respeto sumo a la idea original, al final lo más gratificante de OutRun 2 es poder darte una vuelta al mundo en pistas donde se celebra una milésima de menos.

Porque, como ya lo fuera el también sublime Crazy Taxi, el de AM2 es claro paradigma del arcade frenético de cinco minutos al que te pasarías toda la vida jugando.

Y, qué coño, nadie más hace juegos como éste.

Un comentario

  1. Puta peazo de articulo, se agradece la tematica dosificada de machismo siglo 20

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