Imagen del artículo: Unravel Two

En algunos momentos de nuestras vidas todos hemos sido alumnos de unos y maestros de otros. No nos ha hecho falta ser expertos para dar lecciones, y nos hemos tragado dogmas que con el tiempo hemos descubierto que eran patrañas.

Esos momentos de aprendizaje barato y de maestros chusqueros los hemos vivido sobre todo en nuestra infancia. Yo pensaba que mi padre era el Michael Jordan blanco cuando metía dos canastas seguidas mientras me decía como ejecutar el perfecto tiro en suspensión. Aquello era la hostia. "Mi padre es una máquina". Yo seguí sus consejos, mejoré mi juego y me apunte al equipo de la escuela. Recuerdo un partido en el que perdimos como de 50 puntos y el equipo contrario debió meter como 51 o 52. "Es como su padre de bueno". Y no mentían: ambos debíamos ser patéticos. Pero joder, esos momentos bajo la canasta escuchando consejos, practicando bajo su atenta mirada o incluso ganándole un 1 contra 1 fueron impagables. Una lección de vida, aunque no lo fuese de baloncesto.

Lo del baloncesto me duró ese año. A mi me gustaba, pero tantas humillaciones y bajas durante la temporada hicieron que no terminasemos ni el campeonato aquel año. Eran mejor las consolas, la verdad. Ahí ganaba. Arrasaba. Pero mi padre no podía enseñarme nada. Cogía el mando, seleccionaba a Ryu, se ponía a aporrear botones al mismo ritmo que movía su mandíbula en un gesto que mi hermano y yo nunca nos cansamos de repetir entre nosotros. Luego le mataban y soltaba el mando con el clásico "no se cómo podéis jugar a estas cosas".

Mi padre nunca pudo ni podrá enseñarme nada sobre videojuegos, pero yo sí tengo ese privilegio con mi hija. Ella también me ve como ese Michael Jordan blanco de los videojuegos. Le flipa que salte de una plataforma a otra con esa facilidad que da la experiencia, alucina cuando encadeno algún combo finalizado con un hadoken y festeja mis victorias en el Mario Kart aunque ella haya acabado octava. Lo que no le gusta tanto es que juguemos en cooperativo y yo avance y ella se atasque. Se frustra y lo deja. Lo cierto es que es difícil explicar cómo saltar de una plataforma a otra. Es algo tan sencillo, tan intuitivo para mí, que no atino a explicarlo. O ella a entenderlo. Total, que la mayoría de esos juegos los dejamos a medias. Pero yo sigo empeñado en que ella termine disfrutando de perder por 50 puntos.

Y en esas estaba cuando una promoción de la eShop me descubrió el Unravel Two. Dos muñequitos de hilo unidos entre sí en la portada. Amor a primera vista. Y mi instinto no me fallaba: era el juego perfecto para nosotros.

La historia detrás del juego la verdad es que no la pillé, y creo que en el fondo no importa. El juego va de ayudarse el uno al otro, de saber que el muñeco al otro lado del hilo siempre podrá cogerte cuando te caigas, que siempre podrá ayudarte a alcanzar la plataforma a la que tú no llegas, que incluso podrás subirte encima de él cuando no puedas seguir su ritmo y que de vez en cuando incluso necesitará tu apoyo para superar las situaciones más difíciles. Para mí no deja de ser una metáfora de esto de ser padre: al principio tu hijo necesita ayuda hasta para lo más básico, luego va creciendo y empieza a necesitarte menos, a hacer cosas por si solo, y tu muchas veces necesitas su abrazo, su sonrisa, para tirar para adelante cuando todo se pone cuesta arriba. Pues Unravel Two es todo eso condensado en las pocas horas que dura el modo historia.

Bajo una atmósfera tranquila, con una música que se hace sentir sin acaparar la atención y unos gráficos que van de lo bonito a lo cutre (inexplicablemente), vas sorteando plataformas, superando puzles más o menos ingeniosos y esquivando a "la negrura", como llama mi hija a los "enemigos" que tratan de entorpecer tu paso, haciendo uso de tu habilidad platafornera y la energía cinética que se desarrolla gracias al hilo que te une a tu compañero y a determinados puntos del recorrido. Y, de paso y con orgullo de padre, vas viendo como el otro muñequito va creciendo en sus habilidades mirando la manera en la que tu lo haces y siguiendo tus consejos. No tiene precio. Eso convierte a un juego de 5 raspado en un GOTY. Sin discusión.

Algún día mi pequeña se hará mayor y le tocará enseñar a los siguientes algo que yo no pude explicarle en su momento, como hacer un puto Tik Tok. Y espero que en ese momento se acuerde de su Michael Jordan blanco y sus clases sobre cómo jugar a un plataformas, el que estará en el otro extremo del hilo siempre que lo necesite, como yo me acordé de mi padre y su perfecto tiro en suspensión.

Y si aún no sabéis de qué trata este juego y queréis saber lo que significa Unravel Two para una niña de 7 años, aquí os dejo con las impresiones de mi hija:

Perfecta síntesis
Perfecta síntesis