Después de tantos años sin aparecer por aquí os rondarán por la cabeza varias preguntas al respecto de nuestra prolongada ausencia. ¿Por qué os fuisteis? ¿Por qué carajo habéis vuelto? Respuesta corta: sí y sí.

¿Qué ha pasado durante estos años? Más viejo, más gordo, con más mala leche y el mismo pelo. Mismo pelo pero diferente ubicación, ya que se ha mudado de la coronilla a la nariz y las orejas. Pero en definitiva la misma cantidad de pelo. Sigo igual de seguero, pero aún más resentido que antes. El resentimiento es algo que nunca deja de crecer. Y también con la edad, más conservador. Ya no soy aquel loco melenudo rojeras que creía en los abrazos y los besitos. Estoy a un paso de empezar a votar al Partido Popular. Jaja, me habéis pillado. No se os puede engañar, ya hace años que soy votante del Partido Popular. Es más, en este mismo Uncharted 4, cuando no sabía qué camino elegir me preguntaba: ¿qué camino elegiría mi referente, José María Aznar? “El de la derecha, hijo mío, siempre el de la derecha”. (Me habéis vuelto a pillar, es broma. Uncharted es una puta línea recta donde no se puede elegir camino. Eso me lo pregunto cuando juego al comecocos.)

Y a pesar de los pesares nunca he dejado de jugar a los videojuegos, más o menos frecuentemente, aunque cambiando las costumbres. En mi caso, cuando juego, bebo. Cuanto más juego, más bebo. Vino, cubata, cava o bisolvón. Pero cuando juego, bebo. Como ese señor mayor que ya no soporta a su esposa sin entromparse, ese soy yo. Y eso me da una nueva perspectiva aún más crítica sobre lo que juego, en la que a veces me sorprendo maldiciendo a la pantalla por los más nimios detalles. Una vez pensaba que se me habían suicidado un montón de píxeles de la tele y era una mosca. No digo más.

Entre sorbo y sorbo, entre viajes al baño para mear y corchos destapados no puedo dejar de apreciar detalles que insultan nuestra inteligencia como masa borreguil que sigue comprando juegos (bueno, sigue, lo que se dice sigue… antes pirateábamos, ahora ya no se puede), y que creo que es necesario poner de manifiesto.

Uno de los casos que más me ha encendido la sangre es el de Uncharted 4. Cierto es que casi todo lo que voy a decir lo podemos aplicar a Rise of the Tomb Raider, pero Uncharted es de Sony y los que me conozcáis un poco sabéis que eso me motiva bastante más a la hora de sentarme delante de un teclado y poner en marcha la máquina de la bilis.

Vamos a ver, señores de Naughty Dog… ¿cuántas veces voy a saltar a una cornisa, esta se va a romper y me voy a quedar colgando de una mano? ¿Cuántas? Una cosa es que tenga algo de gracia que pase una vez, pero es imposible que pase 387 veces durante el juego y no me escoñe nunca. ¿Cuántas veces me voy a caer de espaldas desde una altura de 10 metros y levantarme como si nada? Superman se cayó de un caballo y se volvió Stephen Hawkings, ¿me estáis diciendo que Nathan Drake es más que Superman?

No es que critique que los juegos se tomen ciertas licencias, pero cuando nos ponemos en un entorno realista son cosas que llaman mucho la atención y no para bien. Porque luego tenemos la mecánica del plataformeo. El juego bebe directamente de grandes clásicos de la simpleza como Dragon’s Lair o Super Mario Run, en donde todo se basa en pulsar un botón. Pero aquí le dan una vuelta de tuerca más, pasando de ser un juego para simples a ser un juego para estúpidos. Mientras en los anteriormente citados te exigen un timing a la hora de pulsar ese maldito botón, en este nos podemos poner en una pared vertical a 300 metros del suelo que, con apretar X repetidamente, haremos cima. Ni una mínima concesión a la habilidad, a la imaginación, como si los gerifaltes de Sony hubiesen asumido que su target es un rebaño y programen en consecuencia. Y aquí (como fósiles que somos) venimos de Pitfall, Rick Dangerous o Prince of Persia. El de Mechner, mongolos. Cuando ves la propuesta de juego que hace Uncharted 4 dan ganas de hacer caca.

La otra cosa que me molestó bastante de Uncharted 4, y que perjudica muy seriamente la verosimilitud, tiene que ver con la logística de tus enemigos. No es ni remotamente posible que después de 10 horas siguiendo pistas por todo el mundo (hay que decir que la investigación es tan compleja como el mecanismo de un zapato) de repente llegues a la isla remota en donde los piratas escondían sus tesoros (inaccesible a todas luces, invisible desde el aire) y resulta que tu antagonista está allí, con 300 hombres, 3 tanques, 15 jeeps, y toda suerte de artefactos de muerte y destrucción. Es que no puede ser. Es en esos momentos donde lanzo mi copa contra la pared como si estuviese en un capítulo de Falcon Crest. He tenido que renovar todo el menaje de la casa, mi única fortuna es que en mi estado de embriaguez no acierto a darle a la tele. Bien por mi. Hay que tener un poco más de respeto por el jugador y darse cuenta de que a veces menos es más. No por poner más enemigos un juego es mejor, sobre todo si esos enemigos son subnormales.

Por lo demás, Uncharted 4 es una suerte de monólogos y diálogos entre personajes sin carisma alguno, mientras vas paseando por escenarios muy bonitos en lo que lo único que haces es eso, pasear. O bien vas pegando saltos increíbles con unas vistas espectaculares mientras se va hundiendo cornisa tras cornisa quedándote agarrado apenas por un meñique por enésima vez. ¡Y esta es la parte buena del juego! La mala es la infiltración y los tiroteos. Pero mala no como “Vaya, llueve, qué mal día hace”, sino mala como una plaga bíblica.

Y cuando digo bíblica no me refiero a esa mariconada del nuevo testamento que propugna la paz, el amor y los abrazos que tanto le gusta a nuestro nuevo pontífice choludo argentino, el Papa Paco. Más bien como las del antiguo testamento, el de Ratzinger Z. El de que si Dios se levantaba con mal pie se cargaba a todos los primogénitos de Egipto. Así de malos son los tiroteos y la infiltración de Uncharted 4.

Y los vídeos. ¿Cuántas veces habré pulsado el botón de "omitir secuencia"? Aquí, desde que Kojima nos metiera un vídeo de media hora de Otacon friendo un huevo en Metal Gear Solid 4, todo cristo se cree que es Scorsese. Parece que el mundo del videojuego se ha convertido en una cantera de directores de cine frustrados, que no triunfaron por la sencilla razón de que no tienen talento alguno. El caso de Uncharted 4 es especialmente sangrante. Vídeos y más vídeos, a cada cual más largo e insustancial. 

Por otro lado las gráficas son todo lo padres que se puede esperar de un título así, pero ello no es óbice para que al acabar el juego te sientas un poco más tonto que cuando lo empezaste. De la música no me acuerdo y el multijugador no lo trabajo.

Llamarlo "juego" es como romper en dos una hoja de papel y llamar a eso "puzzle", aunque los de Sony son capaces de venderte incluso eso. Imaginaos:

Imagen del artículo: Uncharted 4

¿Recomendamos el juego? Rotundamente SÍ. A estas alturas ha ganado no sé cuántas decenas de premios como juego del año. Juego del año de la crítica y juego del año de los usuarios. 

 Y mientras Yu Suzuki mendigando en Kickstarter. Tenéis lo que os merecéis. Hijos de puta.