
Nota del editor: No hemos conseguido que Naeval use “Residente Vil” en vez de “Demonios Residentes”. Sentimos las molestias.
Mi historia con los Demonios Residentes (Resident Evil) es breve. Y rara.
Creo que empezaron a ser relevantes en mi vida cuando la Superjuegos número 51 le puso un 96 al primero. Justo después aparecen Los Héroes Guardianes (Guardian Heroes) de la Saturno (Saturn) con un 94. Adivinad cuál fue mi primer juego en la 32 bits de SEGA.
Mi siguiente “momento” fue probar el Demonio Residente 2 (Resident Evil 2) en unos famosos grandes almacenes españoles, aunque no lo parezcan por su nombre. El juego en sí me recordó un poco a otro anterior que había tenido cierta fama en PC, Sólo en la Oscuridad (Alone in the Dark); pero el verdadero terror no estaba en el juego, sino fuera de él, porque una señora quería que su hijo probase el juego y me amenazaba a mí, que tenía los mandos; todo esto provocó que dejase de jugarlo y me fuese bien lejos. No pretenderéis que me enfrente a una madre por algo así. Lo poco que lo jugué no me dijo nada, y menos aún sus controles tipo tanque, ni los fondos pre-renderizados.
Por suerte una consola de verdad demostró su poder con la -hasta el momento- mejor entrega de la saga: Demonio Residente Código Verónica (Resident Evil Code Veronica). Este lo tuve (¡y lo tengo!), pero os voy a decir algo: los tiempos de la Invocadora de Sueños (Dreamcast) fueron breves, pero intensos. Aún no me he pasado la segunda entrega de Shenmue, así que os podéis imaginar que este juego tampoco. Mejor, sí, pero no suficiente.
Algo parecido me pasó con la cuarta entrega de Demonio Residente (me he saltado la tercera, pero es que siempre me ha dado la impresión de que nunca ha tenido suficiente tirón). Lo que probé me gustó, especialmente en la versión de Wii: lo de pegar tiros apuntando con el Wiimote me parece una buena idea, pero no se si la cosa aguanta mucho tiempo, porque yo mismo no aguanté tanto con el juego. Pero oye, se desarrolla en España, el sistema de disparos es competente, y para la época es un juego bastante pepino.
Luego salieron el 5 y el 6, que como el 3 no tienen demasiados aficionados. Antes del 4 apareció el 0, que lo probé pero me dijo tan poco como el 1 y el 2. Y luego Capcom, después de algunos remakes y otros inventos, le dio un golpe de timón con el 7.
En un evento me tocó probarlo en realidad virtual. Como no aficionado a la saga, ni aficionado a los juegos de terror, creí con tanta fuerza que me iba a dar un síncope que le di el número de teléfono de mi mujer a alguien del stand por si me pasaba algo. Pero no pasó absolutamente nada. Ni un sustito. El juego bien, gracias, pero no os lo vais a creer… no es mi rollo. Lo mismo con el 8, que es un juego de acción en primera persona competente, con algún momento o personaje interesante y que tuvo mucho éxito, pero nada, no pasé más que algunos minutos jugando. Los juegos derivados de la saga sí que no los he tocado de ninguna manera.
Y así llegamos a esta novena entrega, que por algún motivo (que se explica al final del juego, pero no somos por aquí de reventarlos) han llamado el Réquiem del Demonio Residente (Resident Evil Requiem). Dicen que coge muchas cosas de los anteriores y que es una entrega a la altura de todas las circunstancias. Gracias al poder de la amistad, me he podido poner en serio con el juego, esta vez sí. Así que os traigo el análisis (N. del E.: ya era hora) sin ser aficionado a la saga ni al género; aunque me he pasado, y de alguna manera me gustan, los de Alan Despierta (Alan Wake), punto en el que me extenderé algo más en este mismo artículo.
Cuando nos ponemos a los mandos de Réquiem del Demonio Residente lo primero que vemos es un juego con gráficas padre. El inicio es súper espectacular, con una ciudad (Wrenwood) que recuerda a Nueva York (con su puente y todo), un poderoso tráfico, unos efectos visuales estupendos como el reflejo de los charcos… es tremendo. Unas cuantas escenas cinematográficas nos meten en la escena y aparecen los dos personajes principales: Grace, personaje que se estrena en la saga en esta entrega, y Leon, que si no mal recuerdo ya aparecía en la segunda y la cuarta entrega (investigando un poco veo que también sale en la sexta… debería haber salido en la octava para mantener el ritmo). Juegas con uno o con otro según el momento de la historia del juego, más alguna sorpresa posterior. Sé que no debo ser especialmente original, pero me pone bastante nervioso este inicio con Grace, porque le altera cualquier cosa (algo entendible, teniendo en cuenta todo lo que pasa), mientras que jugar con Leon es otro cantar, mucho más sobrio y centrado en lo que está ocurriendo. Luego Grace se serena y de hecho se convierte en una especie de máquina de matar (o de reventar zombis, que en principio están muertos así que no los mata), pero su inicio es bastante intenso.

Como jugador que lleva mucho tiempo en esto, una de las cosas que me sorprende es experimentar por primera vez lo que debe ser habitual para los aficionados a este género: la cosa no va tanto de disfrutar del juego como de sufrirlo. Recuerdo el nombre con el que bautizaron este pseudogénero: horror de supervivencia (survival horror), y es que de verdad es un poco así. Si lo comparamos con un juego de acción al uso aquí hay acción, pero en lugar de disfrutar de ella, la sufres. Los enemigos pueden salir de cualquier lado y tenemos que sobrevivir con pocos recursos (luego se van ampliando). Supongo que los jugadores avezados de este género están acostumbrados, pero al inicio yo creía que eran fallos de diseño, poco a poco dándome cuenta de que probablemente todo está planteado para que el jugador sufra esa tensión.
Me recuerda un poco al caso de juegos Como Almas (Souls Like), donde el jugador tiene que sufrir mientras avanza. El problema es que servidor no gusta de sufrir, para eso me metería a ser autónomo y tener que hacer trimestrales y anuales; pero vistas las ventas (y críticas) de ambas sagas algo me hace pensar que hay mucho aficionado de meterse agujas dentro de las uñas en este mundo, y os aseguro que no tengo intención alguna en criticarlos. Dentro de los tipos de diversión asociados al videojuego este sería de tipo reto… y como reto, la verdad es que es un ejemplo nada desdeñable.
Una de las cosas con las que más te hacen sufrir en ambas sagas son los puntos de guardado. Si me dejan, siempre guardo cada poco tiempo (y es que aunque parezca mentira no tengo todo el tiempo del mundo para jugar). En cualquier entrega de La Puerta de Balduro (Baldur’s Gate) es perfectamente posible que los botones que más se aprieten sea la combinación de guardado rápido. Aquí no, no te dejan guardar, de manera que cuando vas avanzando la tensión por perder el avance es realmente poderosa, y si no fuera por el compromiso con mis lectores seguramente hace tiempo que habría dejado de jugarlo.
Quiero abundar un poco más en lo del combate, porque supongo que como cualquier juego que se precie tiene sus reglas, pero la sensación que me da es que es un poco aleatorio a veces. Comparándolo con otros juegos de acción (desde Engranajes de Guerra -Gears of War- a Vencer -Vanquish- pasando por Sin cartografiar -Uncharted- o Retornol -Returnal-) le falta finura, pero parece también que esa es la idea, que no te quede claro si ese zombi necesita dos o seis balas para abandonar definitivamente este mundo. Por otro lado, el juego tiene muchos momentos que no parecen guionizados en los combates, y eso le da mucha variedad. También comentar que, a mi modo de ver, el sistema de combate funciona mejor cuando tenemos algo de campo abierto, especialmente con Leon, y me trae buenos recuerdos de lo poco que jugué a la cuarta entrega y a todos esos juegos que he dicho que funcionan bastante bien como juegos de acción. En determinados momentos la música pasa a ser algo bastante discotequero, que podría parecer que no queda bien con un juego de este tipo, pero se agradece bastante y me parece un detalle simpático y bastante conseguido.
Otro punto importante es el sigilo. Como en general no podemos ir reventando enemigos por doquier (hay momentos en los que sí), es importante intentar que no te descubran. El sigilo está implementado de manera interesante, aunque no siempre se percibe de manera clara si nos están viendo o no: a veces haciendo lo mismo puede que nos detecten y otras veces ni se enterarán.
Cuando no estás combatiendo recuerda bastante a una aventura gráfica clásica pero en tres dimensiones: buscar objetos, hacer combinaciones con ellos, e ir avanzando según vamos pudiendo. Hay pistas, conversaciones con personajes (pocos) y rompecabezas. Este Réquiem del Demonio Residente me hace ver que el género vive y tiene éxito, pero la gente (y la crítica) además de estos tres elementos quiere tensión, gráficas padre y algo de acción para apoyarlos. Y si no que se lo digan a La vida es extraña reunión (Life is Strange Reunion), que ha hecho sus buenas ventas pero, al menos en español, el número de análisis se puede contar con los dedos de una mano… y sobran. Personalmente me gustaría que el juego se centrase más en esta parte, pero los números les dan la razón, qué duda cabe.
Para acabar, se nota que estamos ante un juego con mucho presupuesto y muchas esperanzas puestas en él. Hay una gran cantidad de detalles interesantes, desde la cantidad de objetos a usar de varias maneras diferentes, hasta el hecho de que según vamos reventando enemigos estos dejan restos de sangre, que nos indica que por ahí ya hemos pasado de una manera bastante diegética. En algunas partes es muy peliculero, y tiene lo que hace tiempo con los amigos llamábamos “momentos guau” (wow moments), que evidentemente os dejaré para cuando lo juguéis o no y dejéis vuestro comentario… en las redes sociales, porque en la web lo tenéis complicado.
La duración es de entre 10 y 15 horas, que para mucha gente no será demasiado, pero para mí es una auténtica barbaridad (dijo quien se pasó el Persona 5 en más de 150 horas). Tras haberme metido en este universo entiendo que haya a quien le guste, aunque no soy yo esa persona ni mucho menos, ya que incluso la saga de Alan Despierta (Alan Wake) tiene un nivel de intensidad mucho menor. Demonio Residente va de que el mundo se va a la mierda y tú eres una persona normal intentando sobrevivir, mientras que Alan Despierta va de que el mundo es más raro de lo que creías y tú eres parte de esa rareza y te tienes que hacer a la idea.
Pero vamos, para los que ya hayáis disfrutado de esta saga seguro que esta entrega os va a encantar, y los que no… si os sobra el tiempo y os va el sufrir, es un juego que os va a encantar.