
En la década de 2020, el auge del videojuego independiente hizo surgir extrañas flores, aunque también no pocos cardos borriqueros. Así, 2025 veía la publicación en Steam de P-26, juego ambientado en las células irredentistas suizas creadas –con más o menos control parlamentario– en la década de los 80. Nos colocaba al mando de un carismático líder anticomunista confederado en dos fases nítidamente distintas: una primera jugabilidad rolera, por turnos, de gestión de recursos y micromanagement, ambientada en una Confederación Helvética democrática pero decididamente militante; una segunda jugabilidad de emboscadas y sabotajes en las montañas y ciudades helvéticas al modo Door Kickers. El juego, pese a su buena acogida por la crítica, fue un sonoro fracaso comercial. Nos lo cuenta Vladimiro Montesinos, especialista en operaciones clandestinas contra el comunismo en el Hemisferio Sur.
Berna, 1979
«Una declaración de guerra es siempre una declaración de enemistad»
CARL SCHMITT, Teoría del partisano: comentario intermedio sobre la noción de lo político
«Una ocupación del país no puede suponer el fin de cualquier resistencia».
Informe de política de seguridad del Consejo Federal sobre la política de seguridad de Suiza (concepto de la defensa general), artículo 426, 27 de junio de 1973
«Der Feind ist die eigene Frage als Gestalt» («El enemigo es nuestra propia cuestión encarnada»)
THEODOR DÄUBLER, Canto a Palermo

Es 1979, los servicios secretos de la Confederación Helvética ponen a nuestra disposición unos fondos reservados de en torno a 3 millones de francos suizos anuales. Nuestro personaje es Efrem Corinto Benjamin Cattelan, alias «Rico», coronel de artillería y licenciado en Derecho oriundo de Basilea. En una discreta calle de dicha ciudad, tras una placa de latón con la inscripción Consec Personal- und Kaderschulung AG («Consec, sociedad anónima de formación de personal y cuadros»), opera nuestra firma tapadera. El juego nos asigna unos recursos que tenemos que invertir en el Projekt-26: la creación de una red de células autónomas que deberán resistir al invasor (que se presupone soviético). Dichos recursos, tanto financieros como «créditos» que van más allá del dinero, se pueden asignar a tareas como:
- Adquisiciones de armas, explosivos y equipos de comunicaciones y establecimiento de depósitos en puntos estratégicos de las montañas helvéticas.
- Selección de personal, extraído de capas sociales permeables a nuestros intereses. A tal efecto, cuadros afines de la Policía Federal nos suministran fichas recabadas ilegalmente con perfiles que debemos elegir. Ciudadanos anónimos, discretos, preferentemente con formación militar y sin problemas aparentes de faldas, juego, alcohol o estupefacientes. Es una fase crítica del juego, ya que una mala elección nos afectará en la etapa posterior de jugabilidad táctica.
- Formación de cuadros, inclusive con asesores extranjeros (MI-6 o SAS), en combate insurgente, comunicaciones, propaganda y guerra psicológica, torturas y educación doctrinaria.
- Búsqueda de recursos financieros, inclusive por vías ilegales y con desvío de fondos reservados.
- Alquiler de pisos francos y otras opciones, tal como una residencia en el exilio para el Consejo Federal.
- Contactos con servicios secretos extranjeros y otras células irredentistas en Italia, en las logias masónicas vaticanas, en reductos paraoficiales del Bundesnachrichtendienst alemán, con mercenarios antaño al servicio de la OAS etc.
- Adquisición de inteligencia sobre enemigos latentes en el seno de la sociedad helvética, tales como simpatizantes comunistas, ecologistas contrarios a los intereses de la industria química etc., al amparo de interpretaciones expansivas, si no à rebours de la loi, del concepto de democracia militante.
La discreción es fundamental, exigiéndose un equilibrio entre el perfil bajo y la ambiciosa asignación y utilización de recursos. El juego nos asigna un mapa de calor, acabando la campaña en caso del descubrimiento de proyecto P-26 y la consiguiente investigación parlamentaria por parte de nuestros enemigos internos naturales (socialistas y ecologistas).

Hay sobresaltos con los que lidiar, tal como eventuales topos a eliminar discretamente mediante suicidios o inexplicables asesinatos a golpe de bayoneta. Podemos buscar recursos extraordinarios mediante donaciones voluntarias de la alta burguesía química, farmacéutica y financiera en Basilea, Zúrich y Ginebra, pero a costa de riesgos que pueden salirnos por la culata. Sea aclarado, para comprensión de nuestros lectores menos aventajados, que la Nación suiza goza, o desde luego gozaba en la década de 1980, de una potente clase patricia industrial y financiera en el sentido estricto del término. A los mandos del coronel Cattelan, podemos hacer acercamientos con tacto a las múltiples ramas de las familias Vischer, Pictet, Sarasin, Merian, Geigy, Hoffmann, Burckhardt, Duschmalé etc. Allí donde la fundación familiar planea la adquisición de una nueva estatua de Giacometti o un Böcklin perdido, habrá que hacer hueco para unas asesorías verbales de la Consec Personal- und Kaderschulung AG, retribuidas a varios cientos de miles de francos de la época.


El juego corta esta etapa de jugabilidad a 1 de diciembre de 1985. En estos momentos, si hemos jugado con acierto, deberíamos tener una red de varios cientos de agentes diseminados desde Montreaux a Liechtestein, desde Schaffhausen a Posciavo. La Confederación Helvética debe estar lista para resistir al terror rojo incluso tras su colapso.
Rüfenach, Aargau, 1986
«Otro límite de la enemistad surge de la naturaleza telúrica del partisano. Defiende un pedazo de tierra con el que tiene una relación autóctona […] Se comporta exactamente como Juana de Arco ante el tribunal eclesiástico […] Cuando el juez le preguntó —una pregunta teológica capciosa— si pretendía afirmar que Dios odiaba a los ingleses, ella respondió: «Si Dios ama u odia a los ingleses, no lo sé; solo sé que deben ser expulsados de Francia»
CARL SCHMITT, Teoría del partisano: comentario intermedio sobre la noción de lo político
«Je ne dois de comptes qu’à ceux qui souffrent et meurent pour avoir cru en une parole reniée et à des engagements trahis. Désormais je garderai le silence»
RAOUL SALAN, alegato ante el Alto Tribunal Militar de París, 6 de mayo de 1962
«Diese Nation hat sich nicht aufgegeben» («Esta Nación no se ha entregado»)
EFREM CATTELAN alias «Rico», discurso ante la Gesellschaft für militärhistorische Studienreisen, 25 de febrero de 2006


Corre el año 1987, en torno a 8 años desde que el coronel Efrem Cattelan iniciase los preparativos defensivos.
Europa en general, y Suiza en particular, se encuentran en una situación desesperada. Ha pasado más de un año desde que, con nocturnidad, a las 5:12 de la mañana del 2 de diciembre de 1985, las tropas del Pacto de Varsovia iniciaran la invasión de las naciones neutrales de Austria y Suiza, con intención de crear un corredor ofensivo hacia el corazón de Francia misma. La resistencia ha sido fútil y, en menos de tres meses, ambas naciones yacen exangües bajo el dominio soviético con menos de 500 bajas cada una en sus respectivas Fuerzas Armadas. En Berna gobierna un régimen títere de integrantes del Partido del Trabajo. La OTAN asiste impotente. Moscú ha ocultado, en las profundidades de los búnkeres suizos, baterías de misiles balísticos con cabezas nucleares tácticas. En determinados días, más del 40% de los comensales en el mítico Hôtel de Ville de Crissier, con Frédy Girardet a los fogones, son oficiales de la inteligencia militar soviética.


Las células creadas por el coronel Cattelan se despiertan.
Desempeñamos misiones generadas aleatoriamente a lo ancho y largo del país. Cada partida es distinta. Esta aleatoriedad e imprevisibilidad ponen a prueba las decisiones de juicio tomadas en la anterior fase de la jugabilidad, tales como el perfil de los operativos reclutados (con la consiguiente aparición de diletantes, tarambanas y topos), las armas elegidas, las redes de comunicaciones, la cualidad y densidad geográfica de los depósitos de armas ocultos en búnkeres y contenedores herméticos de acero inoxidable enterrados en los bosques suizos. Los escasos recursos deben haberse empleado bien. Por ejemplo, la adquisición de tres rifles antimaterial subsónicos G150 puede habernos privado, para la célula de San Galo o Lucerna, de una radio o de una denominada «pistola veterinaria» Brügger & Thomet, apta para la neutralización silenciosa de un alto cargo soviético en una habitación del Beau Rivage de Lausana, o en la conocida como suite «Teodoro Herzl» del hotel Trois Rois de Basilea. No haber invertido en comunicaciones tendrá consecuencias tales como adicionales dificultades para acceder a nuevas misiones o recibir inteligencia del Consejo Federal en el exilio u otras células aliadas. Las misiones, de gran variedad, combinan emboscadas a patrullas soviéticas, asesinatos tácticos y políticos, distribución de panfletos en pueblos, traslado de equipos, sabotajes de líneas férreas, radares y otros equipamientos. Frédy Girardet, cocinero del siglo y discreto agente durmiente de la célula del P-26 en Lausana, coloca explosivos debajo de la mesa de un reservado donde comen unos oficiales rusos, tras recibir un mensaje cifrado del misterioso «Rico» desde un búnker camuflado en un oscuro valle del Aargau. En suma, el amplio espectro de la guerrilla insurgente, con referentes variopintos como Mao, el General Salan, el Che Guevara, Ho Chi Mihn, los partisanos griegos o los maquis españoles.
La Nación suiza ha decidido no entregarse.


