
Destripe leve de la historia del juego
En un momento dado en “Cinta con canciones mezcladas” (Mixtape) nos encontramos en una escena que es puro juego de plataformas, mientras suena de fondo “El héroe de ayer” (Yesterday Hero) de Juan Pablo Joven (John Paul Young). Es relativamente fácil para ser un juego de plataformas, pero la música y la urgencia que te induce la historia hacen que te la tomes en serio, y es muy posible que el jugador se encuentre a sí mismo apretando fuertemente el mando mientras maneja a la protagonista, saltando y esquivando todo lo que ocurre en pantalla.
Fin del destripe leve de la historia del juego
Esta escena que os comento arriba me vale un poco de punto de partida para entender por qué “Cinta con canciones mezcladas” es un buen videojuego, a pesar de que la parte interactiva tenga menos peso del que se espera en este medio audiovisual. Este nivel en concreto, por ejemplo, podría recordarnos al niño maravilla (Wonderboy) cuando coge el monopatín, podría recordarnos a Canabalt, podría recordarnos a otro juego musical como “el funk de los titanes” (Funk of Titans), podría recordarnos a “la carrera del hombre rayo por la jungla” (Rayman Jungle Run), o a “corredor de viajes de dígitos binarios” (Bit.Trip Runner). Como he dicho en la introducción me pareció bastante sencillo de superar (y de este punto hablaremos después), pero esa escena, que dura tres minutos, no solo aporta la parte de saltar y esquivar que podemos ver en cualquiera de esos juegos: empieza presentándonos una canción que servidor, en su incultura musical, no conocía (y que desde entonces uso muchas mañanas para despertar a los más jóvenes de la casa); durante el recorrido de esos tres minutos tiene bastantes momentos memorables o graciosos; y por último, sirve para enlazar dos trozos de la historia de “Cinta con canciones mezcladas”.
Porque “Cinta con canciones mezcladas” es un juego que se basa, precisamente, en esa estructura. Su premisa consiste en hacernos vivir el último día antes de que la protagonista se vaya a Nueva York a llevarle una cinta con canciones mezcladas (de ahí el nombre del juego) a una persona que podría darle trabajo en un futuro no demasiado lejano. También coincide con ser, más o menos, el final del último curso antes de acceder a la universidad, algo que comparte con dos amigos, un grupo que es a la vez variopinto y rebelde. Y para contarnos ese último día usa la estructura “te presento una canción - tienes una fase lineal de acción - tienes una fase de exploración - uso de objetos - interacción con otros personajes - en una zona pequeña”. Hay 25 canciones y en algunos momentos esa estructura se modifica un poco, pero en general ese es el ritmo (je) en todo el juego.
Importantísimo destacar el componente musical que impregna todo, desde el nombre, la premisa, los personajes (la protagonista lleva todo el rato un reproductor de discos compactos y unos auriculares colgando), y por supuesto el desarrollo de inicio a fin. Su creador principal, Juanito Colega Galvánico (Johny Galvatron) tuvo un grupo musical, y de hecho, su anterior juego, “El escape artístico” (The Artful Escape) también es muy musical. Y además es didáctico, en cuanto tiene vocación de enseñar cosas que posiblemente no conozcas de la industria musical o de algunas canciones bastante conocidas de los 60-90. Así que si te va el rollo musical o tienes cierto interés, es muy posible que algo te aporte este juego.
Visualmente es más que correcto. Emplea ese estilo reciente de saltarse cuadros de animación, y en este caso me parece que funciona bastante bien, todo ello entremezclado con algunos filtros para dar esa sensación de algo que ha pasado hace unos cuantos años. Algunas de las escenas lineales son brillantes desde el punto de vista audiovisual, así que por esta parte, al menos en lo que a mi respecta, nada que objetar.
Respecto a la interactividad en “Cinta de canciones mezcladas”, lo cierto es que esperábamos que fuera mayor, especialmente en el aspecto de poder elegir entre opciones. Hay muy poca capacidad de elección en este juego. En las escenas más lineales podemos hasta dejar el mando tranquilo y si no tocamos nada avanzaremos igual, y en las que tenemos que usar objetos se nos marca muy claramente lo que tenemos que hacer: el juego nos permite avanzar de manera muy parecida a una película, y solo tocando el mando de manera circunstancial. El problema, como lo veo yo, es que hay muy pocas elecciones. Nada de varios finales, nada de cambios en la historia, nada de poder decidir el transcurso del desarrollo del juego. También es cierto que nada de eso pasa en “Zona Fantástica” (Fantasy Zone) y es un videojuego… fantástico, pero uno espera que en una aventura gráfica de este tipo se nos permita salir un poco a movernos por el escenario, al estilo de lo que hacen juegos similares como la saga “La vida es tope rara” (Life is Strange) o “Grabaciones perdidas” (Lost Records).
Por otro lado está la falta de dificultad. Qué queréis que os diga. A mis 46 años de edad la falta de dificultad me resulta absolutamente irrelevante. Os voy a decir más, dejé de lado “nacido de la sangre” (Bloodborne) porque tras seis intentos no estaba yo para perder más el tiempo en ir a matar a la bestia clérigo, y en cambio me he pasado el primer “Mega Hombre” (Megaman) sin enterarme que era difícil o he superado con esfuerzo las penurias de Fuego del Infierno (Hellfire). “Cinta con canciones mezcladas” es lo contrario a lo que debería ser un juego de nicho. Es un título que podría poner a cualquier persona y que lo disfrute, porque es disfrutable, más allá de que se quiera generar una polémica artificial del tipo que sea con su existencia como excusa. Que dure menos de tres horas lo haría largo como película (podéis verlo en plataformas de emisión de vídeo de manera más o menos gratuita), pero como videojuego es una duración que encaja estupendamente en mi vida actual.
Pero sí, podemos sacarle punta a “Cinta con canciones mezcladas”. Porque si el equipo de desarrollo del videojuego es australiano, ¿por qué nos hacen vivir la adolescencia de un grupo de estadounidenses en vez de explicarnos cómo es la adolescencia en los 80-90 de un grupo de residentes en las afueras de Sydney?, por poner una posibilidad. Algunas de las situaciones son un poco forzadas, como el hecho de que su protagonista tenga un look que parece bastante posterior al del tiempo en el que se supone que tiene lugar el juego. Pero la verdad es que me parecen cuestiones menores comparadas con todos los aciertos que tiene, especialmente en el apartado sonoro y de sorprender al jugador, al menos del que accede a él sin demasiados prejuicios y con ganas de pasar un buen rato.
En resumen, “Cinta con canciones mezcladas” es una obra que realmente solo tiene sentido como videojuego. Si fuera una película, como mucha gente dice que debería ser, lo primero es que no estaríamos hablando de ella en esta vuestra página amiga. Seguramente nadie estaría hablando de ella, o mucha menos gente que siendo un videojuego. Y seguramente sería mucho peor obra, porque, aunque su componente interactivo es mejorable en cantidad y calidad, lo usa a favor de lo que nos quiere transmitir, y sólo por eso ya tiene mucho más sentido que sea un videojuego que sea una película, una serie, un cómic o cualquier otra cosa en la que lo queráis convertir.
