
Los mal llamados juegos narrativos.
Como diría nuestro amigo karawapo, son «mal llamados» porque la gente les llama de todo menos bonitos.
Un género vilipendiado, sin duda, al que se le suelen dedicar epítetos como «pelijuego» o «esa mierda del Kojima» entre otras lindezas. Sin embargo, el concepto de «juego narrativo» es intrínseco a la historia del ludismo. Desde aquellas aventuras gráficas del Spectrum hasta las sofisticadas obras de Telltale, los juegos argumentales en los que tú formas parte de la historia y las decisiones que tomas influyen en la historia han formado parte importante del abanico de opciones disponibles para el jugador de temple reposado. Ver una peliculilla, o dirigirla incluso con tus decisiones parece mejor plan que penar de hoguera en hoguera matando esqueletos arribistas.
Sin embargo, todo es ilusión. Un montaje de títeres en los que los hilos te manejan a ti. Tus decisiones, realmente, apenas importan en estos juegos. Los más generosos alternan distintos finales que no son más que resultados prefijados más o menos numerosos, mientras que los más pacatos, directamente te cuelan la misma escena hayas completado el QTE correspondiente o no. Pero esa ilusión tiene un lado positivo. A veces funciona. Te crees a los mandos cuando eres poco más que un interruptor de la luz que permite o estanca la narración.
Los juegos narrativos son el mal. Eso está claro. Queremos jugar y no irnos al cine con un mando y creernos que eso es un videojuego. Si es que te lo dice la palabra. Menos video y más juego. Sin embargo, una de las lecciones que podéis extraer de leer la Gamerah es que hay dos formas de hacer las cosas mal.
Una buena y otra mala.
La manera mala de hacer las cosas mal podría ser Horses, el polémico titulillo de los italianos Santa Ragione que ha levantado cierta polémica al ser prohibido por Steam por su contenido escabroso. Habrá que decir que gracias a ello ha conseguido una campaña gratuita que de otro modo no hubieran podido pagar. Gracias Gabe, por cierto, saca el Half Life 3, ¿ok? Habrá que decir que los golpes en el pecho y la denuncia lacrimógena de los autores ante semejante afrenta a la libertad creativa queda un poco empañada por el hecho de que el juego está disponible en el resto de plataformas sin cortapisa alguna.
Horses es la manera mala de hacer un juego malo. Más allá del impacto visual, que nos recuerda al neorrealismo italiano en blanco y negro sea lo que sea que signifique eso, y de la turbia premisa que se diluye enseguida, el juego es la nada más absoluta. La narración está prefijada como el cerco que impide que los caballos con forma humana escapen en la granja en la que nos movemos. Aprieta un botón para abrir puerta. Aprieta un botón para cerrarla. Apriétate un bocata chorizo para continuar. Y ya. Nada de lo que hagamos importa. Somos un interruptor de la luz. Activamos o paralizamos la narración sin participar. Claro que no sería tan grave si la historia fuese buena. Si nos ofreciera cierto aliciente por ir cumplimentando tareas rutinarias sin ton ni son. Pero no lo hace. Solo queda una bala. Que la historia te guste. Y ahí cada uno. No entro. Bueno, sí. A mi me ha gustado tirando a poco. No llega a nada, solo busca la repugnancia gratuita. Ni siquiera es gracioso.
Por terminar. En mi, a veces, humilde opinión, “Prohibido por Steam” es un regalo que no se merece Santa Regione. Porque el juego es una mierda.
Ahora vamos con la manera correcta de hacer mal las cosas. Dispatch, de AdHoc Studio. Otro esforzado juego narrativo que promete ooootra vez que nuestras decisiones afectan al argumento. La milonga de siempre. Pues no. Es un artificio, una vez más. Pero bien hecho, porque la historia importa. Y eso que tira de los recursos más básicos de la narración, algo que no tiene por qué ser malo. Protagonista perdedor pero simpático, personajes con trasfondo previsible… Tampoco inventa nada ni falta que le hace. El guion no sorprende en ningún momento, no es nada que no hayamos visto. Sin embargo no puedes dejar de avanzar capítulos (otro acierto del juego) para saber qué es lo que pasa. Eso es puro talento. Enganchar con lo básico y no tomarte demasiado en serio. Claro que los mismos inconvenientes denunciables en Horses están aquí. Somos mero espectador al que le piden que toque un botón de vez en cuando para que avance el juego. Los componentes de gestión y estrategia son mínimos. La misión te exige una serie de habilidades. Eliges a los superhéroes que mejor encajan y un poco de (supuesto) azar determina el éxito o fracaso de tu elección. Spoiler; siempre lo haces bien. Así que no hay reto, solo narración. Es un mal juego bien hecho que recomiendo sin dudarlo un instante. Si te apetece un reto tranquilo, reírte un poco y apretar botones random para crear cierta ilusión de que tus decisiones importan, este es tu juego. Pero lo mismo que no denuncias a la lucha libre por estar guionizada ni te levantarías en medio de una obra de teatro gritando «¡es mentira, son actores!» te recomiendo que no te creas mucho eso de que lo que decidas tiene importancia. En el mejor de los casos te sustituirán una FMV por otra y todo seguirá igual.
El demonio de Laplace en su máximo esplendor. Solo ver la portada del juego ya sabes cómo va a acabar. Si ese jodido determinista francés siguiera vivo, está claro que jugaría a Dispach y no a Horses.



Gran momento lúcido de nuestro querido abuelo que me invita a reevaluar mi relación de odio-odio con los pelijuegos. No se puede cambiar el pasado, pero se puede entender mejor.
(sí, la frase es mía... no, no hace falta ponerla en google... en serio no la pongas en google! .... ohhh por qué la pusiste en google? .... el verdadero problema no es que no confías en mi)
Tú sigue reevaluando tus relaciones, igual descubres un par de cosas...