En 2008, cuando Gamerah se vio obligada a cerrar por primera vez, el público clamó venganza. Hay que hacer algo, hay que atacar a alguien. No importa qué, no importa a quién. Le dimos un ultimátum a los talibanes: entregad al Casimuertismo o afrontad las consecuencias.

Hubo quien urgió cautela. Alejandro, los ingleses, los rusos... todos se escaldaron en Afganistán. Es el culo del mundo. No hay una mierda ahí, nada que hacer excepto fumar opio y follar cabras.

—¿Cabras, eh? —dijo Jancete.

Gamerah invadió Afganistán con gran fanfarria y predicciones de triunfo rápido. Las fuerzas casimuertistas se disiparon en las montañas, sin duda para nunca regresar.

El resto es historia.

Un helicóptero evacua a miembros de la embajada gahmeriana en Afganistán.
Un helicóptero evacua a miembros de la embajada gahmeriana en Afganistán.