Persona 5

Es una gran responsabilidad empezar en Gamerah hablando de ESTO. Pero vamos allá.

En el año 2017, Persona 5 era el último juego en salir de la saga Persona, escisión a su vez de la saga Megami Tensei (dejo que otro, Kim Kapwham por ejemplo, hable de estos juegos en un futuro cercano (1)). Al final, la saga Persona se ha acabado haciendo más famosa que la de los demonios (que en su momento tuvo su versión animada y todo; un par de OVAs que me suena haberlos visto en el Mercadona a finales de los 80 o principios de los 90), y ahora tiene películas, series de anime, obras de teatro, otras escisiones en forma de juegos de lucha o música, y… más secuelas.

Al final no han sido mis mejores amigos… pero no ha estado mal 🙂

Persona 5 es, posiblemente, el juego que he esperado con más ganas desde… Yakuza 3. Persona 4 Golden está entre lo más sagrado a lo que he jugado en los últimos años, llegando a crear conmigo una relación que casi podríamos calificar de insana (he dicho varias veces ya que sus personajes son mis mejores amigos). Pero realmente Persona 4 Golden deriva de Persona 4, un juego de la última época de Playstation 2, así que a lo que yo estaba jugando era a una pequeña actualización de un juego realizado sobre una tecnología de hace casi dos décadas. Así que tenía ganas de ver qué se les ocurría.

Para quien no lo sepa, los primeros Persona son, salvo que seas MEGA FRIKI, infumables a día de hoy (servidor se los ha pasado, así que RESPECT). Con una historia o detalles interesantes, como el hecho de conversar con los enemigos o la aparición de Jesús, Hitler, robots y aliens a la vez (¿que puede ir mal?), se acaban perdiendo en un mar de combates aleatorios que a algún japonés le debieron parecer bien en algún momento de la existencia humana, pero que tiempo después no tienen sentido alguno. Persona 3 arregló ese desaguisado gracias a una interesante mezcla de juego de ligues a lo Tokimeki Memorial con rolete no aleatorio, y Persona 4 lo llevó a los altares merced a un estudio psicológico de personajes digno de aprenderse en las universidades, una banda sonora de locos, y el hecho de que al final acabes empatizando más con esa gente virtual con la que estás jugando que con la real que pulula por la calle.

Cualquier juego con chistes malos es MEJOR juego.

Dicho esto, el listón para Persona 5 estaba tan alto que acudí a jugarlo con una mezcla de miedo y fe. La promoción del juego, que incluyó una cantidad de lujos nunca vista (como el hecho de cambiar de color la iluminación de la Torre de Tokio para tener relación con el juego de Atlus), me hizo creer que se nos venía encima algo grande, pero tampoco quise adelantarme demasiado al hecho de jugar.

Uno de los defectos tradicionales de la saga Persona (y del género de los juegos de rol japoneses en general), es que se necesita mucho tiempo para poder hacerte al juego. En Persona 4, para que nos entendamos, hasta las 6 horas no te dejan empezar a jugar en serio. En Persona 5 el acercamiento es un poco diferente, porque ya de inicio te meten en el meollo de la cuestión, para poco después devolverte al origen. Una inteligente manera de solventar el problema, aunque al final acaba pecando un poco de lo mismo. Ya podrían preguntar “¿conoces la saga Persona?” y ahorrarse todo esto.

Si además tiene homenajes a juegos SAGRAOS ya ni te digo.

El hecho es que nuestro personaje principal ha sido acusado de un crimen que no cometió (aunque realmente lo que ha hecho no es un crimen), así que lo mandan a vivir con una persona que se ofrece voluntaria, y a estudiar en la Academia Shujin. Es una especie de paria señalado por la sociedad, aunque no tiene mal aspecto. Y de hecho esta es una de las diferencias respecto a anteriores entregas. Si en Persona 4 el protagonista era un dios en la tierra, sus amigos eran la pera limonera (que si la idol, que si el ricachón, que si la número uno en deportes…), en Persona 5 todos o casi todos los personajes son unos pringados, aunque al principio no lo parezca. La modelo al ser medio extranjera sufre cierto apartheid nipón, el pintor es un friki redomado, el atleta se rompió la pierna en su momento… pero tampoco os quiero reventar la historia.

Una mejora importante del Persona 5 frente a juegos anteriores son las mazmorras. Por mi parte, la saga Persona se podría olvidar de demonios, poderes y batallas, y dejarme lo que realmente me gusta, que es ser un alumno de un instituto nipón. Pero en Persona 5 las mazmorras están hechas a mano (excepto unas en concreto, que son aleatorias) e incluyen rompecabezas, sorpresas y otro tipo de detalles, de manera que acabas apreciando el buen trabajo de Atlus en todas ellas.

Otro de los aspectos sobre los que más miedo tenía era la música. La música de Persona 4 es TAN buena que me alegra un día triste, me ameniza un viaje solitario, o me hace mejor persona (no pun intended). Pues perded el miedo, la de Persona 5 es (TAL VEZ) mejor. Realmente, es distinta. Si Persona 4 brilla con el J-Pop, Persona 5 acaba siendo un viaje hacia el jazz, el blues y el pop más comercial, pero para hablar de esto hay gente mucho más preparada en Gamerah que espero que haga comentarios sobre el tema (2). Buscad “Rivers in the Desert” y me contáis que tal (pero no veáis el vídeo, que no quiero que sepáis más de la cuenta).

Hasta aquí mi opinión objetiva de Persona 5. Posiblemente el mejor JRPG de la historia.


Ahora viene cuando os digo que no lo juguéis. O al menos que lo hagáis bajo vuestra responsabilidad.

Se necesitan varias vidas para poder hacer el suficiente caso a agendas como esta.

Me explico. Persona 1-4 cayeron sin demasiados problemas gracias a un hecho relevante: los jugué en portátil. PSP y Vita me permitieron jugar a estos títulos en el baño, en mis eternos viajes por el mundo, o en esperas de todo tipo sin causar alteraciones en mi vida. Con Persona 5 alguien decidió que la Vita está muerta, y como dudo muchísimo que salga para Nintendo Switch (porque la saga principal de Persona ha sido históricamente fiel a Sony), pues tan solo se puede jugar en Playstation 3 y 4. De salida le metí como unas 30 horas, pero como necesito cierta concentración para poder disfrutar de los juegos de sobremesa, me esperé a agosto, que tenía el mes relativamente libre. Finalmente han sido 144 horas en total, que si hacéis la división, nos llevan a una media de casi 4 horas al día. Ha habido veces que me he puesto a jugar por la mañana y acabar por la noche, y quedarme con una sensación de “¿qué ha pasado en el mundo? ¿TAIS TOS BIEN?”.

Y eso no es bueno. Está bien que los videojuegos sean escapismo, pero no que lo exijan. Me encanta Persona 5, pero me hubiera gustado disfrutarlo como disfruté de Persona 4 Golden, poco a poco, a mi ritmo, no teniéndome que pegar un palizón que ha provocado que no haya tocado un juego japonés desde entonces. Por eso os digo: jugadlo o no, pero sabed lo que hacéis.


1. Nota de la redacción: no contengáis la respiración. ¡Estamos en Gamerah! VOLVER
2. Nota de la redacción: no aguantéis la respiración. ¡Estamos en Gamerah! VOLVER

2 comentarios

  1. Precintadito lo tengo en PS3.
    Igual cuando me jubile dentro de 30/40 años según reformas/recortes puedo pasarme por gamerah.xyz a comentar.
    Actualmente no llego ni a la categoría casual gamer, soy más bien momificado gamer.

    • Yo lo tengo en PS4 a la espera de comprarme una PS4, con eso lo digo todo. (Gracias a un alma caritativa, que seguramente me estará leyendo!). Por cierto, muy acertado lo de gamerah.xyz, habrá que ir comprando el dominio.

      Fantástica reseña, y coincido con el párrafo final: los JRPGs son siempre mejor en portátil.

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